1) Primera etapa de la vida: Infancia
Muchos desde pequeños han tenido la suerte de tener un perrito en su hogar, yo soy uno de ellos.
Mientras cursaba los primeros años de la educación básica, tuve el privilegio de tener una boxer llamada Pili, era de color café oscuro con manchitas negras en su espalda. Juguetona, muy buena para comer. No tengo muchos recuerdos de ella, sin embargo, un recuerdo que nunca se me olvidará es el hecho que fue madre de dos hijos machos. En la casa nadie sabía que estaba embarazada, la teníamos en el patio de la casa, y de vez en cuando veíamos perros callejeros que se metían a nuestra casa metiéndose por debajo de nuestro portón, eran sorprendentemente flexibles, pero jamás se nos ocurrió que podría éstos cruzarse con Pili. Pero pasó, y nos dimos cuenta demasiado tarde, al parecer, tuvo un parto difícil, y falleció a los pocos días después de dar a luz, y descubrimos que había dejado a dos criaturas indefensas que necesitaba mucho cuidado.
Éramos ignorantes, nunca pensamos en la necesidad de llevarlos a un médico veterinario, y a pesar de nuestro esfuerzo por salvarlos, al final igual perecieron.
Todo este suceso me permitió por primera vez entender de cerca lo que es la muerte.
Pasaron unos meses hasta encontrarnos con Snoopy, un dálmata con manchas cafés, era muy fuerte y musculoso, era una compañía obligatoria para los paseos de fines de semanas al campo.
Un día en el camino al trabajo, encontramos un perrito pekinés café que se notaba que llevaba semanas en la calle, estaba sucio, flaco y enfermo. Lo adoptamos y le llamamos Happy. Porque así era, siempre feliz, cada vez que regresábamos a la casa del colegio, él estaba ahí, esperándonos en la puerta y moviendo su colita. Era muy comilón, por este problema, casi Snoopy lo mata, una vez fue a quitarle la comida al dálmata y menos mal que estábamos presentes y lo pudimos salvar.
Por las cosas de la vida, mis padres se estaban separando, y tuve que seguir a mi madre y dejar esa casa y por consiguiente, los perritos. Nunca más supe de ellos.
2) Etapa de la pubertad
Después que mis padres se reconciliaron, fuimos a vivir al norte de Chile. Mi tío había comprado una perrita pero que después se dio cuenta que no la podía cuidar, y nos regaló a nosotros, era una hembrita shih tzu de color crema, muy cariñosa, juguetona y alegre. La llamamos Gogó. Nos acompañaba a la playa siempre, se llenaba de pulgas y arena, pero era feliz. Y nosotros éramos felices también. Después de un día de paseo rutinario a la playa, en el camino no nos dimos cuenta que se había saltado de la caja de la camioneta, la buscamos toda la noche y no la encontramos. Al día siguiente mi padre fue a buscarla nuevamente, pero ya era muy tarde, no sabemos la razón, pero al reencontrarse, ella corrió desesperadamente hasta el abrazo de mi padre y falleció de inmediato, su cuerpo se endureció y dejó de respirar, creo que esa fue la primera vez que lloramos por una mascota.
Unas semanas después, para compensar ese dolor de la pérdida, trajimos a Michael a casa, un perrito chow chow, gordito, se parecía un osito de peluche, café, y muy tierno. Lo cuidamos como un tesoro, pero por circunstancias de la vida, tuvimos que regresar a Santiago de Chile. Mi madre decidió devolver el perrito al vendedor y como estaba muy bien cuidado, no tuvimos problemas en regresarlo.
3) Etapa de la adolescencia
Llegamos a Santiago, mis padres arrendaron un departamento que estaba en el piso 12, era muy bella la vista panorámica que teníamos. Y como nunca dejamos de tener mascotas, compramos un pekinés de color blanco con orejas café, Richard era su nombre, muy travieso, le encantaba correr sobre la baranda de la terraza que tenía una superficie de cemento. Era extremadamente peligroso, sobre todo por la altura de donde estábamos. Él no tenía miedo de nada. Buscaba la manera de subirse y empezaba a correr sobre ella. Una vez casi se cae, fue un susto para todos.
Pasó un par de años aproximadamente, y mis padres prefirieron comprarse un departamento. En un principio creíamos que el edificio no se permitía mascotas, por eso tuvimos que regalar Richard a una tía, que era amante de los canes.
Cuando ya nos instalamos en el nuevo hogar, pasó como un año y nos dimos cuenta que habían cambiado las normas de co-propiedad, y ahí nació nuevamente el bichito de tener una mascota en la casa. Como Richard ya pertenecía a mi tía, decidimos comprar otro perro, era de raza chow chow, y lo llamamos Leo, por el parecido con los leones. Con él pasamos muy buenos momentos, pero como un buen chow chow, era peleador con los otros perros, por eso siempre fue más cercano a nosotros que con sus pares. Vivió casi 12 años, ya era cieguito y no podía caminar muy bien. Y cuando se enfermó, lo llevamos al médico, pero no se pudo hacer mucho, y esto fue justo cuando estábamos cambiándonos de casa, como si esto fuera el destino.
4) Etapa de la adultez joven
Después de la universidad, empecé a trabajar y mi hermano se compró una perrita de una raza que no era tan popular en Chile: La raza pug o carlino. Se llama Pucca. Es sumamente inquieta y comilona, fue mamá de 9 cachorros, pero desgraciadamente no era buena madre, mató a uno de ellos y no le gustaba dar leche a sus pequeños. Al final sobrevivieron 7 cachorros y nos quedamos con una, la Pao Pao, igual de inquieta e hiperquinética. Pucca actualmente está esterilizada, con sus controles al día, pero con un problemita en la piel en su cara, y la estamos tratando con medicamento. Pero Pao Pao la tuvimos que vender apenas tenía tres meses ya que llegó otra integrante más a la familia y teníamos que decidir, y decidimos por la nueva integrante Hei Tang.
5) Etapa de la independencia y la vuelta a la dependencia
Un día decidí dejar a mis padres y arrendar un departamento pequeño. Y compré una poodle miniatura de color blanco, se llamaba Ting Ting, por el grupo The Ting Tings. Pero vivía en un departamento que no se permitía perros, por eso tuve que revenderla a los pocos días de tenerla, era muy tierna y obediente, pero no era muy calladita, así que por recomendación de una vecina, se vendió a su amiga.
Posteriormente, no aguanté y compré otra perrita, de raza maltés, pero como era complicado tenerla, tuve que volver a vivir donde mis padres. Chin Chin era muy tranquila, juguetona, pero demasiado llorona, sus lágrimas dejaba toda su cara café, por la oxidación que se produce sobre su pelo blanco.
Yo siempre he querido un chihuahua, y me traje una hembra de color café con blanco a vivir conmigo, muy linda, diminuta, cariñosa, pero muy dominante, Chin Chin era su hermana mayor, pero Cho Cho era la que mandaba, la maltés le dejaba llevar la batuta. Fueron días muy felices, las llevábamos a los parques todos los fines de semana hasta que un día Chin Chin dejó este mundo, su muerte fue confusa, fue muy doloroso para toda la familia esta repentina despedida. Lo peor fue cuando ni había cesado esta angustia, falleció Cho Cho, le atribuimos por posible depresión después de que su hermana se fuera. El dolor se hizo doble.
6) Etapa adulta
Después de perder a Chin Chin pero antes que muera Cho Cho, mi madre decidió comprar otra maltés, la Mani, ladradora, blanca, tímida, regalona, mala para comer y muy cercana a mis padres, es prácticamente la hija de ambos. La cuidan muchísimo. Vive con nosotros hace un par de años, esterilizada y con sus controles al día.
Después de la Chin Chin, para reemplazar su ausencia, llegó Fong Li, un crestado chino macho, sin pelo (hairless) en el cuerpo. El pelito que tenía en la cabeza, extremidades y cola era de color gris. Atlético, cariñoso y estiloso. Le encantaba correr y jugar. Unos meses más tarde, trajimos a su hermano Tang Pai, mucho más tranquilo y menos dominante, de color crema y muy glotón para hacerse compañía. Eran muy buenos hermanos.
En una tarde de verano, Fong Li se enfermó, lo llevamos al médico, pero negligentemente no hicieron bien el diagnóstico y falleció. Tang Pai quedó solo, dejó de comer por falta de la compañía de su hermano, y tuvimos que llevar a unos familiares que tenía una hembra salchicha, para que se acompañen. Pero nada es tan fácil, Tang Pai se les arrancó de la casa y se desapareció por un tiempo. Gracias al microchip, está de vuelta con nosotros. Ahora se encuentra esterilizado con sus controles médicos al día, junto con sus hermanastros.
Sorpresivamente, nos regalaron otro perrito crestado chino, Babú, de color crema, pero muy pelado, casi sin nada de pelo, estuvimos con él por un tiempo cortito ya que llegaba otro integrante más en la familia: Black, hermanastro de Tang Pai. Y tuvimos que regalar a Babú, que ahora está en muy buenas manos.
7) Etapa actual
Además de Pucca, Mani y Tang Pai. Llegaron a nuestras vidas otros tres crestados chinos: Hei Tang, Black y posteriormente Milk; Todos hermanos entre ellos. Son hermanastros de Tang Pai, porque comparten la misma madre pero distinto padre. Hei Tang llegó primero, es hairless, de color gris con manchas rosadas en el pecho, muy traviesa, bueno para comer y le encanta lamer la piel de uno. Black, es más negrito, también hairless, con algo de pelo blanco y negro, más tímido, pero peleador con Tang Pai. Y finalmente Milk, color crema, extremadamente tímida, muy inteligente, buena para esconderse, y es la más especial entre sus hermanos, porque es de la variedad con pelo (powderpuff). Actualmente todos están esterilizados. Debido a un viaje, tuve que regalar a Tang Pai, Hei Tang y Black a una persona que también tiene crestados chinos.
Una vida de perros, una vida de compañía, una vida de lindos recuerdos...
Una vida de perros, una vida de compañía, una vida de lindos recuerdos...

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